“Natural Blues”, Alina Orlova

 

“Poder-decir”

Las canciones de Moby suelen ser simples: unas pocas frases que se repiten dentro una estructura, atmósferas, texturas y paisajes sonoros que, por tecno-minimalistas, lo envuelven todo en una especie de mantra contemporáneo pop rave. Sus voces negras le regalan una no gratuita asociación con los gospels, los negro spirituals, los cantos de trabajo, las plegarias vitales: las canciones de la redención, el sonido lastimero frente a la opresión. Tal vez por eso mismo, sus canciones se desgastan con mayor rapidez, producen fastidio o cansancio en un término medio del tiempo. A Moby no se lo puede escuchar seguido. Sino una vez cada tanto. Precisamente, para devolverle la fuerza a esos mantras perdida en la reproducción constante.
Un cover es bueno no en su similitud mimética con la canción de origen. Sino en el gesto que realiza, en la interpretación. Cuando podemos hablar de “interpretación” en lugar de “cover” estamos frente a un gran trabajo. “Interpretación” implica in-corporar la canción del otro, hacerla propia, re-vivirla, colocar en comunión los cuerpos y sus voces. En la Mar del Plata en que me crié proliferaban las bandas de covers. Esa fue nuestra desgracia: el miedo a la interpretación, al diálogo comprometido con el otro, la producción de un reflejo barato y berreta. Por todo esto “Natural blues” interpretada por Alina Orlova hace renacer a la canción en otro de sus mundos posibles.
Alina Orlova, lituana, de 26 años, despoja a la canción de ese manto de fondo etéreo del original y la trae a lo cotidiano. “Diosito”, se entiende que dice, sólo acompañada por su piano, un tanto apresurada y con dejos de dolor en su voz. Su voz de mujer que, en reemplazo de las negras voces de Moby, mantiene aún el lugar del subalterno, del menor. Hay que decir y hay que decir como se pueda. El hermano muerto en la cama: ese es su problema, que sólo Dios sabe. Por eso cuando lo menciona (Dios sólo puede ser mencionado, porque desconocemos su nombre) la voz pincha como una aguja el alto del vocativo. Sentimos su dolor. La canción se vuelve confesión abierta, compartida. La canción catártica busca poner en palabras lo imposible: el diálogo con Dios, la muerte del hermano. Una chica lituana, sola con su piano, hace suya la canción y de su cuerpo nos llega el problema.
Esa parquedad de la composición se nos muestra, ahora y gracias a esta des-virtuación del original, como necesaria: sólo en la repetición se alcanza el poder-decir.

Joaquín Correa

 “Natural Blues”,  Moby

 

 “Natural Blues”,  Alina Orlova

 

Joaquín Correa nació en 1987 en Mar del Plata. Publicó: Fotografía estenopeica (Premio Soriano de poesía, 2013), Yo vi la cara de Lenin y estaba durísimo (2014, La bola editora), Puki Puki around the world (2014, Honesta) y Mundial (2014, Centro y fuga). Mantiene el blog citasincomillas.blogspot.com desde hace algún tiempo. Vive en el barrio Trinidad, es la Isla del Destierro.