“Mandolín”, Dacal, Prada

Soy pecadora es un discazo. Todo disco guarda un lugarcito para una canción ajena. Los discazos la atesoran como un objeto querido, nunca del todo propio, nunca del todo extraño: una presencia ominosa. “Mandolín”, ese pequeño gesto que dejó el Príncipe como una de sus más significativas manifestaciones de vida, aparece hacia el final, con la decisión en la voz de Ana Prada, dispuesta al baile, la confesión, dispuesta a todo: al amor. Los juegos, los animales, cierto tono infantil, el amor salvaje, el recuerdo medieval que se esconden en la canción e interpretación del Príncipe, con sus muecas y movimientos corporales, en la interpretación de Ana Prada se conservan, pero con cierta distancia lúcida y lúdica, lo que puede recordar a la voz de Marosa o a algunas otras de las líneas contemporáneas de la canción. La prolijidad de su interpretación y grabación la distancian tanto del mandolín y la improvisación del Príncipe, como de los momentos libres donde suele aparecer en aquellas bandas de chicos bien cuyo viaje iniciático fue a Cabo Polonio.

Cartón pintado es un disquito. No por dimensiones cualitativas sino cuantitativas: ep de cinco canciones, de procedencia diversa, entregado como uno de los tantos souvenirs que acompañaban cada edición de la revista El Niño Stanton. Algo en esa interpretación en vivo de “Mandolín” recuerda al Príncipe de un modo vital. Tal vez sea cierta cuidada desprolijidad en la voz de Dacal lo que nos trae su espectro. En todo caso, tanto Dacal como Ana Prada han logrado lo importante: conservar la fuerza de la canción, hacer de su duración el momento de la alegría inmensa del cuerpo.

Joaquín Correa

Gustavo Pena,”El Príncipe”

 

Pablo Dacal (en vivo)

 

Suena mejor en Cartón Pintado

Ana Prada

 

Bonus track

Jimena López Chaplin