“Sound and vision”, Beck

De las muchas versiones que otros artistas han hecho de las canciones del inmenso David Bowie, acaso la más popular –y para nada la peor– es la que Nirvana le tributó en el unplugged de MTV. Aquel show fue uno de los mejores del ciclo, porque cumplió con la regla de “hacer algo diferente” en verdad. Cobain y compañía no se contentaron con traspasar su pared de sonido grunge a una versión de guitarras acústicas –aunque les hubiera quedado muy bien lo mismo- y buscaron en viejas canciones para abrir el juego. Canciones que habían escuchado desde chicos y que no eran demagógicas. Canciones desconocidas pero cuyas versiones eran sentidas y, por ende, nirvanescas.

Así, después de “Jesus doesn’t me for a sunbean”, un tema para el que usaron un acordeón a piano, se escuchó esa inesperada frase de guitarra –hoy clásica– de “The man who sold the world”. Muy pocos de mi generación conocíamos ese tema, digamos la verdad. Aquel 18 de noviembre de 1993, Nirvana lo puso para siempre en el soundtrack de nuestras vidas.

Por aquellos años, con algo de grunge y mucho de lo que entonces se llamaba “alternativo”, aparecía un niño inquieto, llamado simplemente Beck, cuyo disco Odelay sonaba a algo que nunca se había hecho. Pasó el tiempo, y Beck –nombre artístico de Bek David Campbell– estuvo siempre ahí, sin perderse de vista pero sin la necesidad de convertirse en el héroe de una generación. Acaso por eso no tuvo la impronta noventosa de “arder de golpe en vez de consumirse lentamente”, como Cobain. Siempre a la vera del camino, Beck fue armando una carrera solista de la puta madre, sabiendo, disco a disco, lo que quería grabar. Y encontrando el sonido justo, sin pifiarle. Y sobre todas las cosas: ¡experimentando sin olvidarse de que se trata siempre de hacer canciones! Hoy, cualquier festival que cuente con su presencia es un lujo. No sólo sabe reinventarse, sino que lo hace siempre redoblando la apuesta con riesgos.

Su experiencia 360 –íntima y hermosa, alejada de esa nave espacial ruidosa y de falsa vanguardia que U2 sacó de gira hace unos años– así lo demuestra. Su versión –porque no es un cover solamente– de “Sound and vision” de Bowie es digna de un artista que no sólo es uno de los mejores exponentes de su generación, sino también la de un pibe sumamente agradecido y enamorado de su ídolo.

Diego Romero

David Bowie

 

Beck