“Mi amigo el Puma” o la solemnidad del relajo

 

Al final, una versión de algo es siempre un malentendido.

“Mi amigo el puma”, de Sandro, ya tenía una historia de enredos cuando Molotov decidió interpretarla. El “puma” no era rugbier sino futbolista; no fue por su garra que tenía esa clave totémica sino por su insistencia en usar la misma ropa. Todo comenzó, al parecer, con una estrofa que Sandro, después de un picado en la playa, le dedicó al jugador; luego el gitano la convirtió en un exitazo, y después y definitivamente, la remixaron varias hinchadas de fútbol. Todo parece un cuento contado por un estructuralista. Todavía busco, desde este presente descreído, en la versión “original” una correspondencia entre lo que la canción decía y lo que el cuerpo de Sandro expresaba en escena. La letra postulaba también la confusión romántica en donde el mensaje amoroso del puma no era recibido por una sino por muchas muchachas.

La canción viajó hasta una telenovela venezolana, y el “puma” Rodríguez hizo de otro puma en Una muchacha llamada Milagros y el tema se le quedó adherido. El “puma” Rodríguez, que también invocaba a Elvis en otras geografías latinas, se llamó puma por Sandro y más tarde sostuvo que Sandro le había escrito esa canción. Faltaban en esta historia las pretericiones y ahí está una: el “puma” Rodríguez cantando “mi amigo el puma” escrita por su amigo como celebración de su encanto. Le puso el mismo título a un disco que en el 2009 estuvo primero en ventas en Argentina. Saltos de caballo, saltos de puma.

“Mi amigo el pomo” es el título de la versión de Molotov. Es parte del disco Tributo a Sandro. Un disco de rock y como cualquier ofrenda es cosa circunspecta. Y aunque en la permutación de la vocal haya un desplazamiento pornográfico, los molotov suenan distantes y cercanos con los setenta. Aunque ironicen, sobre el ritmo de estridente homenaje, acerca de las técnicas mágicas del levante. Se trata de un cover que discute la definición de cultura de masas a través del paso de la celebración del muchacho proletario que Sandro ensayó, al festejo de una pedagogía (“fuente de inspiración”). Algo de la inocencia se ha perdido, pero con ella se ha ido también lo ominoso. Desublimación que hace llorar.

La performance parece sacada de un texto de Cornejo Polar. Salta, resignificando, de un idioma a otro, de una base a otra. Apaga el contenido, magnifica la forma. Y es esquiva o ladina, como el pueblo y el amor.

Nicolás Quiroga

 Sandro

 

 Molotov

 

Nicolás Quiroga es profesor de historia y docente en la Facultad del Humanidades (UNMdP).