Aureliano Gardel

Por José Luis Pérez de la Sierra

Solo sé de Aureliano Marín que probablemente tendrá unos 30 años y que, así de una, es un Gardel. Esos «langas» que no imitan, sino que dejan pasar los fantasmas por el cuerpo y por el instrumento, o sea, un poseso. Acostumbrados a la posesión diabólica de aspirantes mediáticos (¿porque se les exige como calidad certificada el aplauso de una platea exaltada?), este no menos aspirante fue como Manuelita a París. No sabemos cuándo, pero sigue una trayectoria musical llena de proyectos y parece que allá lejos y hace tiempo, este digno hijo de un viaje juvenil iniciático coqueteó con la escena parisino-berlinesa, o eso que decimos «nuevos buenos aires» cool.

A mi entender, además de no volverse tan cool, ni hipster, vuelve, canta, gira, se desgira y canta, bailan y canta. Porque, además de un músico refinado, su voz gardeliana, su decir vagabundo, sus raíces uruguayas y su austeridad, hablan más de un músico callejero, un indoor street art.
Tengo tres finales, en imagen y sonido, en su versión minimalista: trenzas, música de Armando Pontier y letra de Homero Expósito; «Melodía de arrabal» del trío Alfredo Le Pera, Carlos Gardel, Mario Battistella y «Balada para mi muerte» de Ferré y Piazzolla.

De los tres elijo Piazzolla y el dúo Marín-Burgos (en guitarra) con ellos dos, casi únicos, en una especie de desván con olor a carpintería y luz de bulín.

Balada para mi muerte Marin – Burgos

Balada para mi muerte Piazzolla y Amelita Baltar

José Luis Pérez de la Sierra: el domingo 5 de Agosto de 1962, el mismísimo día del niño (de entonces) y de la muerte de Marilyn Monroe por sobredosis, nació este hombre del barrio de Flores, CABA, un centro del romance y de la basílica del Papa Francisco (se ha dicho que el mismísimo rey de los católicos lavó los pies del niño).
Soñador, ojos arriba, simpático y medio personaje, de adulto repitió estas actitudes solo para escapar del horror y el tedio. Pero bueno, hizo un tiempo para estudiar Arquitectura, cantar y se recibió, con honores y Spinetta en la piel, en la Prilidiano Pueyrredón de Artista.
Fue, es y será docente de institutos privados y muy finos (porque el mismo es muy fino) y ahora de escuelas del estado capitalino de zona sur, ex Elefante Blanco. En ambas es feliz. Actualmente está de licencia psiquiátrica en institutos para generación de 60. Le dicen Meño.

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