“Baby”, Dirty Loops

Hasta hace unos años, esta canción era un éxito. No había rincón en donde no sonara. Nadie podía librarse de ella si desarrollaba una vida en mediano contacto con el mundo, aunque más no fuera virtual. Hoy, al menos para el general de la gente, no existe más. Se fue. Y no interesa cómo ni por qué, y si vuelve será recibida con gestitos reticentes. La música, como todas las manifestaciones artísticas, muta y se adapta al tiempo en que desarrolla su momento de gestación y cualquiera sea el nivel de llegada y éxito que alcance. Pero eso sí: siempre hubo hits. Y dudo de que “Libre” de Nino Bravo, cuya llegada masiva habrá sido similar (hablamos de números), sea una canción mucho más tolerable que ésta. Hablo de eso: la música, para ser para todos y todas (je) debe ser cuanto menos agradable. El resto está bien, pero si va en exceso ya sabe a pecado, y a qué masa popular excepto la egipcia y algunas revolucionarias de siglos pasados, le agrada arriesgarse. La gente quiere historias lindas, mensajes románticos desesperados, las chicas quieren chicas que digan lo que ellas piensan y los chicos lo que ellos no piensan y no habían imaginado, o sueños ilusos que nunca alcanzan, pero el hecho de que Nino sí, los deja dormir un poco más tranquilos.

Justin Bieber es un personajito deleznable de tantos que vi pasar desde que tengo contacto con los medios masivos. Por eso lo elijo, y no ando buscando covers de jazz ni swing de los que podría hablar varias horas, aun agotándoseme las palabras. Me gustan, pero los veo de afuera. Justin tiene casi mi edad y ya facturó un cuarto de lo que yo produciré en mis trabajos en negro durante toda mi vida, y ni hablar del sexo, la drogas, toda la cuestión. No, lector del futuro: no hablamos de una salvaje estrella de rock. Justin es rubio, precioso y se maquilla los ojitos. Es claramente homosexual y desarrolló un talento indiscutible en la ejecución de varios instrumentos. Justin hizo esta canción.

Dirty Loops es una banda de mi generación. Influencia clarísima del funk negro, el jazz fusionado, y ese corte Kool and the Gang, con cuyos beats bailaban nuestros padres de pelo largo. Los padres de ellos también, porque estos pibes crecieron conmigo. Quizá los suyos los obligaban a escuchar estas bandas desde la primera hora del día. Pero claro, hay un detalle: ya no se pueden hacer esas canciones. Justin lo supo, por eso hizo otras. Dirty Loops también: por eso versiona las de Justin. Y este pequeño circuito de retroalimentación, sin quererlo, mantiene vivo el movimiento de energía que existe y subsiste, sobre todo, en los hits de One Direction, Patito Feo y quién sabe qué otra cosa que a esta hora, en este día, ya se está viralizando entre los adolescentes que también fuimos nosotros.

Paula Fernández

Justin Bieber

 

Dirty Loops