“Born on a Train”, Arcade Fire

El pibe que vendía zapatillas escuchó una canción que le voló la cabeza

[a Fernanda]

Win Butler se sincera y nos cuenta que, una vez, trabajando en una tienda de zapatillas, escuchó una canción y tuvo una revelación. Una revelación, una epifanía, un satori. Un movimiento sísmico interior, repentino, más o menos fuerte, pero nada solemne, que hace vacilar al conocimiento, al sujeto. Ese mismo movimiento que Barthes sintió como puñalada y herida frente a la foto del Invernadero, a Butler le llegó por una canción de The Magnetic Fields. Como el maestro del haiku, Bashô, cuyos pequeños poemas saltaban aquí y allá entre las narraciones de su diario, Butler antes de cantar su versión, cuenta por qué, por qué esta canción y no otra le proporcionaron esa iluminación vital que lo llevó a la música. Algo en ese momento le dijo quién era, quien podría llegar a ser: “cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es”, leerá después. Esta canción, imaginamos ahora, es el mito fundacional de Arcade Fire, escuchada por un pibe mientras vendía zapatillas.

Joaquín Correa

The Magnetic Fields

 

Arcade Fire