“Canción para los días de la vida”, Viva El Progreso

 

Festival Popular por el Bicentenario de la Independencia  (9 de julio, Mar del Plata)

Hoy descubrí una complicación que nunca había tenido en cuenta, una complicación en la que están metidos generalmente los periodistas y nosotros, como lectores, capaz que no la vemos: la conciliación de las contradicciones.

La cuestión es sencilla. El lenguaje, el relato, tiende a la conciliación, muy especialmente si uno está del lado de una supuesta “objetividad”. Contar lo que pasa ya es en sí mismo y en su forma más básica y despojada una manera de conciliar, porque se trata precisamente de poner las cosas juntas en el espacio del relato, lo que implica establecer algún co-relato de lo que sucede entre ellas, de alguna manera jerarquizarlas, aunque sea por la negativa, o incluso imponiéndoles el silencio. Cuestiones que a veces no son tan fáciles de resolver, como pudiera parecer, y ahí está el problema del periodismo. ¿Cómo describir cualquier suceso, y en particular cómo hacerlo cuando su naturaleza fundamental sólo aparece por contraste, por “oposición” con otra cosa? El periodismo tiende a pulir esas aristas, les aplica un procedimiento que vuelve elegantes las contradicciones o las mata con la indiferencia. Tal vez para no mellar abiertamente el entramado que forman la realidad con las noticias. Son las reglas del oficio.

Entonces en un momento hay que hacer una reseña del 9 de Julio, y vos ya estás como los chicos en la escuela haciendo redacciones para la maestra, a ver hasta dónde te habrán penetrado los ideales patrióticos en el espíritu. Pero al fin y al cabo de lo único que podemos hablar es de lo que vemos, lo que presenciamos de primera mano, sin las noticias de por medio.

Por ejemplo, me sorprendí mucho en un momento durante el Festival, cuando hice una parada para ir hasta el shopping a mear. No había baños abiertos más cerca. Adentro, en el shopping de Aldrey, unas doscientas personas reunidas en la planta baja, alrededor del café, con un animador y una pianista con teclado eléctrico, también festejaban. Era impactante por la novedad. “¿Qué cantamos ahora?”, se preguntaba el animador. “Por acá me dicen que cantemos el himno, ¿cantamos el himno?” Ahí nomás arrancaron. Duró todo el rato que hice uso de las instalaciones.

Pero más que nada hablamos de las cosas que nos gustan, de lo que nos hace sentir bien. Lo que más me gustó del 9 de Julio, de los festejos, fue Viva el Progreso en el Festival Popular por el Bicentenario de la Independencia. Fue como si ese escenario los hubiera estado esperando desde hacía mucho tiempo.

Antes de arrancar, mientras se iban acomodando para tocar, alguien me contó que “el intendente Arroyo le pasó revista a la tropa”. Así fue, tal cual. Literal. Y después me entero que el intendente efectivamente se subió a una camioneta militar y recorrió las filas saludando, con el brazo asomado por la ventanilla. Lo esperaron mientras se volvía a acomodar en el palco oficial y el edecán se acercó para recibir la orden de largada. Sé que no se llama así, “orden de largada”, pero en definitiva fue eso.

Eso sucedía unas pocas horas antes, a metros del escenario donde yo fui a ver a Viva el Progreso. En el transcurso de los festejos oficiales, en algún momento de la mañana, el intendente declaró: “Me preocupa más todavía la alimentación de nuestras criaturas, porque van a ser las generaciones del futuro (…), es importante que tengan una vida normal, que reciban los alimentos, las proteínas y los minerales que a veces no llegan.” El subrayado es mío, cualquier parecido con una propaganda de La Serenísima corre por parte del lector. Me conmovieron las palabras del intendente, la generosidad. Esa generosidad cifrada con tanta elegancia en “los minerales”. Ahora sí que podemos agradecerle a la teoría del derrame: llegarán los minerales, “que a veces no llegan”. Olvidate de construir viviendas, Conectar Igualdad y la educación popular. Ahora vamos a recibir lo que de verdad nos hace falta, lo que de verdad nos merecemos, eso es sinceramiento: nos va a llegar lo mínimo que se le puede pedir a la tierra. Éste será un gran gobierno para las plantas.

Soy el anti-fan de Spinetta. Me gusta más Palo Pandolfo, y por ese lado Viva el Progreso me resulta más familiar al oído. Pero sí soy fan de Viva el Progreso, y me di cuenta de eso cuando escuché su cover de Spinetta y así fue que Spinetta me gustó por primera vez.

Y esos fueron los dos sucesos incompatibles de la jornada, dos sucesos que soy incapaz de sintetizar en una crónica: Viva el Progreso tocando en el escenario del Festival unos temas que conozco desde hace ya algún tiempo pero que parecieron todos pensados para ese día y para ese lugar; y por el otro lado, el brazo de Arroyo asomado, saludando por la ventanilla, antes de largar el desfile cívico-militar.

Por eso en lugar de una “reseña de la jornada” decidí escribir esta nota para Coverama, para recomendarles a todos que escuchen “Canción para los días de la vida”, de Spinetta, en la versión de Rodrigo Frugoni (guitarra, melódica y voz), Hernán Genovese (guitarra, transporte y voz) y Santiago Cobos Royo (percusión, chiches y coros).

Gonzalo Viñao

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