“Corazón valiente” (“Cœur courageux”), Pablo Krantz

Pablo Krantz (Buenos Aires, 1970) es músico, escritor y traductor. Ahora radicado nuevamente en Argentina, entre 2002 y 2007 vivió en París, donde publicó, en francés, un disco de canciones, dos novelas y un libro de cuentos, entre otras producciones. Démonos cita en una autopista (para volvernos a estrellar), su primer CD grabado en  nuestro país desde su regreso (Ultrapop, 2011), con canciones en  francés y en español, fue coproducido por Mariano Esaín y Pablo Krantz y contó con la participación de veintidós músicos argentinos y franceses. Su discografía se completa con Demasiado tiempo en ningún lado (1999), Bajo cero (mis experiencias en el lado equivocado de la pasión) (2000), Los extraños nunca dicen adiós (2001), Les chansons d’amour ont ruiné ma vie (EP, 2003), Les chansons d’amour ont ruiné ma vie (álbum, 2007) y Versiones de canciones ajenas (2014).

Entre otros libros, Krantz publicó La ciudad más hermosa del mundo en escala Richter de la melancolía (2011), La mañana en que falló la ley de la gravedad (2001), Dame un coche tan rápido que no lo alcancen los recuerdos (1997). El año pasado se editó Pequeñas reflexiones sobre el universo, el tiempo y mis discos favoritos, un libro que surgió de sus ocurrentes intervenciones en Facebook y Twitter y de la interacción con los lectores que éstas generaban.

En la actualidad, además de las giras que lo llevan a tocar por todo el país, prepara su nuevo trabajo discográfico, Vivo en mi cabeza pero con vista al universo, en donde podremos escuchar  su cover de “Corazón valiente” de Gilda. Ahora, nos cuenta su versión:

Alguna vez escribí que las ideas geniales suelen reconocerse porque a primera vista parecen medio pelotudas. Y eso fue sin duda lo que pasó cuando un mediodía de 2013 recibí un mail del productor de la película “El crítico” proponiéndome que grabara, para la secuencia de los títulos del film, una versión en francés de “Corazón valiente” de Gilda. “¿Eh?”, “¿Cómo?”, “¿Leí bien?”, “¿Qué carajo?” y otras frases de incredulidad por el estilo pasaron a toda velocidad por mi aún adormecido cerebro. Explicación: no soy un gran partidario de la cumbia y no tenía la menor idea de cómo era la canción de Gilda de la que me hablaba. Pero como siempre trato de poner a prueba mis prejuicios, la busqué en youtube. Primera sorpresa: la voz de Gilda, que me emocionó casi sin darme cuenta. Segunda sorpresa: ¡la canción era buenísima, increíble y formidable! Así que al instante busqué la letra, saqué los acordes y empecé a probar a ver qué pasaba. Muy pronto me di cuenta de que la cosa podía funcionar. Me tomó un buen tiempo traducir la letra hasta lograr que tenga la musicalidad adecuada. Convoqué a grandiosos músicos (Flavio Casanova en guitarra, Juan Ravioli en bajo, coros y teclados, Pablo Varela en batería, Manza Esaín como productor) y juntos armamos esta versión que para mí tiene mucho de rock y rockabilly de los 50’s y 60’s, algo de country, un dejo de Del Shannon (“Runaway”), de Neil Diamond (“Solitary Man”) y de Nick Cave, y un drástico 0% de cumbia. La película (dirigida por Hernán Guerschuny y protagonizada por Dolores Fonzi y Rafael Spregelburd) se estrenó finalmente en abril de 2014 y tuvo muy buena repercusión. Y la versión fue un éxito, totalizando un montón de vistas en youtube y mil comentarios entusiastas. Para la película también grabé las voces en off que son en francés (el protagonista es un periodista que odia la realidad, ama el cine francés de la Nouvelle Vague y dentro de su cabeza se dedica a criticar la realidad como si fuera una película mala: “mirá al extra este, qué mal caracterizado que está”, “el guión de la realidad viene realmente cada día peor”, etc). Y el chiste es que en medio de la película aparece la versión original cumbiera cantada por Gilda y al final viene la versión rockera en francés cantada por la misma voz de la conciencia del protagonista. Viéndolo retrospectivamente, creo que una de las cosas buenas de la versión (que obviamente alguna vez alguien me reprochó como si fuera algo malo) es que carece por completo de ironía. Está cargada de emoción verdadera, demostrando (espero) que las buenas canciones trascienden siempre los géneros musicales. Moraleja: hay que estar siempre dispuesto a traicionar un prejuicio. Ahora en febrero saco mi sexto disco (llamado “Vivo en mi cabeza pero con vista al universo”) que incluirá esta versión de Gilda, remezclada para la ocasión.

Gilda

 

Pablo Krantz

 

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