“Crazy in Love”, Antony Hegarty

 

Dolor de amor: Antony Hegarty canta “Crazy in Love”, de Beyoncé Knowles

Una luz cenital blanquísima, tanto como esa especie de túnica que vestía ese día de verano de 2009, ilumina, o, más aun, hace fulgurar –junto a su voz, y a la orquestación– a Antony Hegarty acompañado por la danesa Metropole Orkest. Hegarty rearma, o mejor, trans-forma “Crazy in Love”, lanzado en 2003 como el primer hit solista de Beyoncé Knowles después de su desvinculación del terceto R&B-soulero Destiny’s Child –con la participación de Jay Z, que Hegarty no incluye. Esa versión primera, a pesar de su letra, por su ritmo, no era la canción de un amor sufriente, no expresaba el lamento del deseo no satisfecho, no cantaba la profunda melancolía de la falta que el deseo siempre acarrea:

I look and stare so deep in your eyes
I touch on you more and more every time
When you leave I’m beggin’ you not to go
Call your name two, three times in a row
Such a funny thing for me to try to explain
How I’m feeling and my pride is the one to blame
Yeah, ‘cause I know I don’t understand
Just how your love can do what no one else can…

En todo caso, eso es precisamente lo que recupera y sobre lo que se sostiene como performance la inmejorable traducción de Hegarty. La lentitud vulnerable de su voz y ese timbre atractivamente desvalido hacen que el ruego al decir el nombre del amado dos o tres veces pase a cobrar una cierta intensidad dramática en su versión, ayudada por los vientos, por un oboe que subraya la atmósfera recreada y, de paso, la diferencia de la repetición.
Hace ya unos cuántos siglos un sabio arcipreste nos enseñó que el amor o es bueno o es loco, y que el buen amor es el que menos profesa la mayoría de nosotrxs. En el videoclip de Beyoncé un tiempo y una actitud en la interpretación de una sensualidad asertiva parecieran dejar entrever la locura amorosa que subraya la incongruencia entre la letra de la canción y las imágenes. En la versión de Beyoncé los ritmos de ese loco amor son asincopados, excesivos y desafiantes; Antony le devuelve –o recarga– esas mismas líneas con un cierto decoro, el de la correspondencia recobrada del pathos o del dolor de amor.

Juan Ariel Gómez

Beyoncé Knowles

 

Antony and The Johnsons