“Dark globe”, REM

Hay algo desgarrador e inquietante ya desde el comienzo de la canción. Esa urgencia parece, incluso, transmitirse a la ejecución de la guitarra y al entorno desolador que crea esa toma que bien podría no ser sino una de las primeras, como si acaso todo hubiera sido tan pungente que no era posible demorarse demasiado en el registro de la inquietud. El ápice está en la pregunta por la soledad: todo el flujo de la canción se dirige hacia ahí, en zigzag, subiendo y bajando. Duele.

Simon Reynolds afirmaba que en Syd Barrett el inglés alcanzó por primera vez el estatuto de lengua de canción. Y lo entendemos perfectamente cuando escuchamos pronunciar “heart”. El primer Bowie está ahí, en ese desgarramiento del yo. Michael Stipe, por su parte, hace de la desesperación un estilo, cerrando de modo oblicuo las frases, aguzando la voz hasta el dolor, descendiendo en los ruegos, acentuando los puntos intensos, reuniendo en el presente de su voz los trazos de una vida de la cual sólo supimos por vestigios.

Joaquín Correa

 Syd Barrett

 

REM

 

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