“Desesperado”, Dani Umpi

Escribe Juan Gómez

Desesperar. Desesperación. No las incluyó Barthes, no de una forma directa, al menos, en sus Fragmentos de un discurso amoroso. Hay drama, hay locura, hay locuela, pero no hay desesperación en el despliegue afectivo de su “discurso amoroso”. Resulta entonces una notable falta que la cultura popular en torno al amor insiste, no obstante, en aludir y replicar en sus prácticas, en sus registros, en sus voces. Desesperaba hace unos años ya Marta Sánchez, tanto como más recientemente, cuando increíblemente, o no tanto, tentada seguro por el vil metal, quiso bailar en el Río de la Plata, pero desesperó en la televisión en vivo y se retiró, ofendida diva, de la caterva de Marcelo Tinelli y de sus infames concursos de baile con jurados y comentarios de “notables”.

En 1993, en el primer sencillo de su álbum Mujer, en “Desesperada”, Sánchez dejaba una primera línea ahí, “picando” para “hacerla cuír”, para darla vuelta de tanta…normalidad hétero: “Soy una mujer normal / una rosa blanca de metal / pero en este amanecer / el dolor me vuelve de papel”, arrancaban las rimas sencillas de Sánchez. Dani Umpi(errez), el genial uruguayo, varios años después, casi veinte, llama a la canción “Desesperado”, y canta: “Soy un chico muy normal / una rosa blanca de metal…” y así no únicamente señala el giro cuír en el paso de “mujer” a “chico”, sino que prepara el contraste con la metáfora intacta de la “rosa blanca de metal”. Digo contraste porque la voz masculina y a la vez afectada, también decididamente cuír, completa la diferencia de la repetición de la metáfora camp de la canción de MS, que se encuentra con el intento por recobrar cierta masculinidad a la canción. La canción pasa a ser drag, una impersonación en la que permanece el adorno (¿accesorio?) de la metáfora femenina, “una rosa blanca de metal”.

Pero sería muy parcial la mirada al cover de Dani Umpi si me quedara en lo que decía antes; es mucho más que ese juego con la letra. No desprovista de, sino con toques electrónicos, pero en otros ritmos que los del original, la versión de Umpi valoriza la vocalización y la acústica de una guitarra en otro ritmo. Es un ritmo de la dramática incrementada la de la versión de Umpi precisamente porque lleva a un primer plano, por así decirlo, las inflexiones, los falsettos, de la voz. Cuando pone un filtro al micrófono y canta con una voz embolsada como en un dueto consigo mismo, la canción se desdobla de tan desesperadx, hasta generar un diálogo. Hay una segunda persona que sutilmente cambia las líneas del original de MS que nunca suelta la primera: “Pero tienes que seguir / queda mucha vida por vivir / en ti / y de pronto llegará un amor / que no se marchará jamás / serás feliz con él / y en su mirada te vas a perder / y no estarás desesperado”. De todos modos los tiempos de la versión retienen alegría: no es una melodía triste, es perfecta en su incongruencia, porque es una versión placentera de la desesperación. También hay algo así como una precisión afectiva que se busca comunicar, que intenta evitar el posible desconcierto, el de confundir desesperación con tristeza.

Marta Sánchez

 

Dani Umpi

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