La mano vengativa de Dios

Por Rosalía Baltar

Para la creadora de Coverama, por su cumpleaños

La serie Peaky Blinders es una pieza más en el rompecabezas de la historia que la BBC está interesada en dar de Inglaterra y sus alrededores. Mientras la guerra entre gánsters de distinta laya se mide en el terreno de Birmingham, podemos ver los derroteros de la primera posguerra en The Crown, pero desde las peculiaridades de una monarquía y las diferencias con los suburbios londinenses de Poplar, en Call the Midwife o las vicisitudes de la radiofonía en The hours y la búsqueda de atemporalidad en el colmo del anacronismo de Downtown Abbey, sólo para cubrir un período de 50 años y con una lista al azar poco exhaustiva. Se da por sentado la precisión en el vestuario, las ambientaciones y detalles de época -aunque yo misma dudo siempre de esto, después de haber leído en David Lodge la construcción de un personaje, especialista en Jane Austin, odiado con las puestas cinematográficas de las novelas de Jane, en las que se veía claramente cómo el pasto aparecía cortado con máquina eléctrica, cosa imposible en los albores del siglo XIX (cada vez que veo una de época, lamentablemente me acuerdo de ese comentario, ridículo sí, pero me acuerdo, incluso cuando pienso en mi amado Kubrick y su Barry Lyndon) – y la popular maestría de los actores británicos, lo que nos hace imaginar que veremos algo de calidad.
Ahora, resulta que en Peaky, la banda sonora se sale de las casillas y establece un combate con lo que pudiera esperarse al respecto porque es una banda que no sitúa las referencias epocales, sino que transgrede con su otra contemporaneidad este precepto. Como en dos mundos, se dibuja una tensión de profunda armonía entre las imágenes que remiten a los años 20 y el caudal de buenos temas de la banda sonora – en la que se incluye el propio cover de lo que sería el corte que define la serie: “Red right hand” de Nick Cave and the Bad Seeds. Leo en Wiki que el título hace referencia a un pasaje del Paraíso perdido de Milton, expresión con la que se designa la mano vengativa de dios.
Se suma otra musicalidad: por momentos, hay mucho silencio, sucio de ruidos de tacones, aspiración de humo de tabaco y de cocaína, la pluma rasgando la hoja, puertas que se cierran, dinero que se cuenta, vasos que se chocan en los bares y la sentencia: “By order of the Peaky fookin Blinders” que abre escenas o despierta conclusiones en la épica de unos delincuentes. La frase se repite, versionada por distintos personajes, así como el tema de Cave, con distintas intensidades y dramatismo.

Nick Cave and the Bad Seeds

 

Nick Cave and the Bad Seeds (Flood remix)

 

Pete Yorn

 

FIDLAR

 

Iggy Pop & Jarvis Cocker

 

Arctic Monkeys (versión en vivo)

 

“By order of the Peaky Blinders”