Música libre, Los Bunkers

 

En el año 2010, Los Bunkers lanzaron el disco Música Libre, una antología / tributo  que reúne ocho de las canciones más populares  de Silvio Rodríguez.

En principio, puede parecer raro que una banda chilena compuesta por músicos que van de los 30 a los 40 y algo de años se sienta ligada tan fuertemente a Silvio como para hacer un disco completo en su homenaje, pero no lo es, ya que cualquier persona que haya vivido en los 80 en Chile cuenta con una extensa playlist mental del cubano como música de fondo de la década final de la dictadura. En aquellos años,  quien tuviera alguna noción, aunque fuera difusa, de lo que se estaba viviendo compraba y grababa lo que había que escuchar de afuera: casetes de Silvio Rodríguez, Piero, Milanés, Sosa, etc. Y ese etc. era tan extenso que alcanzaba a abarcar a ingleses, estadounidenses, rock argentino y mucho más, en compartimentos que iban de la música para bailar, para fiestas, para pasarlo bien, hasta aquella que era la que se  oía con sentimientos de injusticia y hastío de una historia que se volvía demasiado pesada, una música que claramente no era para pasarlo bien.

Así, desde esta filiación temporal un poco desplazada de la cronología real de creación de las canciones de Rodríguez, que hacía que en Chile fuera algo muy contemporáneo un Silvio que ya tenía algunos años, no es raro que Los Bunkers hayan optado por volver a él como un origen determinante, ineludible.

Lo que sí es un poco más curioso es que estos músicos hayan elegido rescatar esas canciones como parte de su memoria auditiva, siguiendo un camino distinto del que ha sido habitual para otras bandas chilenas, que han optado por volver a la casa de la cueca, o a la de Violeta Parra (quien también fue visitada por Los Bunkers antes). En este sentido, quizás este gesto de Los Bunkers sea una forma más natural de recuperar la infancia del oír, ya que hay que recordar, además, que en los 80 la cueca que se escuchaba en fiestas patrias era la “oficial”, y no la “chora” o “urbana” que se oye y baila  hoy en Chile, especialmente por los jóvenes. La cueca que se ha re-tocado por músicos como Los Tr3s no es la que el grueso de la gente entendía o conocía como cueca, sino que es la chora, la de la ciudad, con sus conventillos y bares, lejos del campo idílico o el huaso elegante.

Y ese es el movimiento que llama la atención por sobre otros: la invitación a volver a oír lo que se era, pero en un gesto contemporáneo, con un sonido que no podría haber sido de los 80. En la actualización que hacen Los Bunkers, y no por los estilos musicales que ahora están en esas canciones que antes no estaban —no podían  estar— en las versiones de Silvio, hay una escucha actual que dice otras cosas en las mismas letras. Hoy, logran un tipo de cover en el que, en parte, las viejas canciones no son nuevas sino otras: lo que este Silvio dice al público chileno de la segunda década del 2000 es algo diferente a lo que le decía en los 80. Lo que los chilenos de hoy escuchan son reclamos actuales, memorias recientes, que quedó demostrado que era necesario cantar/recordar: eso convirtió al disco en uno de los más vendidos de la historia de la música chilena.

Para decirlo en clave extremadamente personal, y por eso reducida, torpe, lo que escucho al oír a Silvio por Los Bunkers es algo distinto a oír a cada uno de ellos por separado. Me gusta pensar que es una forma de volver a Silvio, pero en verdad no lo es. Se trata, más bien, de una música actual que tiene el reflejo de lo que ya  fue, lo que fui, en un pasaje donde siempre algo se pierde. En este caso, es significativo que lo que se pierde. En la mayoría de los temas, literalmente son varios segundos de duración de canciones que antes fueron difíciles, urgentes, fuertes, y que hoy son un poco más amables, como un dolor que se ha sentido antes y que regresa algo atenuado,  por un tiempo más breve.

Y aquí comienza un nuevo camino para estas canciones ineludibles de Silvio Rodríguez, que si en el origen de la memoria auditiva en el Chile de los 80 no eran de las que permitían “pasarlo bien”, ahora sí están un poco más cerca de eso, por un sentido reencuentro, de memoria común.  En este nuevo camino, no es casual tampoco que Los Bunkers hayan elegido a Emmanuel “Meme” del Real (guitarrista, tecladista, y cantante de Café Tacvba) como productor, como aporte de actualidad y potencia.  Música libre aparece, entonces, como una visita al pasado, tanto al de la música de Rodríguez como al de la memoria popular chilena, en la que ese nombre remite a un programa de televisión de los ´60 en el que los jóvenes escenificaban y bailaban canciones de la época, en un escenario de frivolidad que contrasta con la densidad de las letras del cubano.

De la misma forma, tampoco puede ser azar que Música Libre haya sonado tan fuertemente en el mismo año en que estalló la popularidad de Chico Trujillo con  Vivito y coleando, aquel disco donde las canciones vienen de la resaca antigua de la cumbia de noches eternas, aquellas que también se escuchaban en los 80, cuando se podía pasarlo bien y antes, y después.

Fabiola Aldana

 “Sueño con serpientes”, Silvio Rodríguez

 

Música Libre, Los Bunkers