Música y Literatura en Chesil Beach de Ian McEwan

 

and everyday the paper boy brings more…

“Brain Damage”, Pink Floyd

 

Sus planos de Londres no coinciden. Edward, con su leve acento provinciano, sabedor de nombres de mariposas y especies de insectos, estudia Historia en Londres y a la caída de la tarde toma cerveza en el Hundred Club donde tocan “música verdadera”, áspera, desprolija,  previa a ese invento proveniente de Liverpool llamado “hit de tres minutos”: John Mayall y sus Powerhouse Four, Alexis Korner o Brian Knight; Florence es violinista y ha cofundado un cuarteto. Tiene un trabajo de medio tiempo, mientras es estudiante, en el salón de conciertos entre bastidores y allí disfruta de todo, incluso de las instrucciones garrapateadas burdamente que algún músico ha olvidado. Una vez conoce a Benjamin Britten, difícil saborear otro momento de tanta gloria.

No es exactamente un libro surgido de la música o que tome la música como su problema central; sin embargo, los dos protagonistas de Chesil Beach despliegan culturas alternativas a la esforzada vida inglesa tradicional: la de sueños de liberación y la del mundo fetiche.

Entre estas elecciones musicales, hay una de fondo, la revelación de una madre (la de Edward) para quienes los personajes construyen mundos paralelos, entre desdibujadas acuarelas y memorias rotas,  con su daño cerebral, una sinécdoque deliberada de los fuera de lugar de cada quien, de cada cual.

Rosalía Baltar

 

(Chesil Beach, Londres, 2007/Barcelona, 2008)

 

“… las noches en el pub representaron el apogeo de su experiencia cultural…”

 

 

“… y actuó también Peer Pears, quien le deslizó un billete de diez libras cuando él y el gran compositor [Britten] se marchaban…”

 

 

“… pasaba bastantes ratos en el jardín, plantando algo en el arriete informe que acababa de abrir en pleno centro del césped estrecho…”