Oh! Sweet Nuthin’, The Black Crowes

Por Juan Ignacio Solari

Sé que decir esto en este lugar es desubicado, pero lo primero que me sale es: a buen cover, pocas palabras.

O, al menos, un aplauso. Los Crowes tocaron “Oh! Sweet Nuthin” en vivo frente a un grupo selecto de fans durante la grabación de su último (y final) disco, Before The Froze… Until the Freeze. Es decir, hubo aplauso. Este público selecto tuvo el placer de experimentar lo efímero y genial que tienen los covers (los buenos covers) interpretados en vivo: generalmente inesperados y gratificantes en iguales proporciones, más cuando se trata de viejos conocidos como “Sweet Nuthin'”. Por suerte para nosotros, los no selectos, las sesiones fueron grabadas: el audio fue directo a Before the Frost… y el video al DVD Cabin Fever, que salió poco después.

Cabin Fever es el registro del tiempo que la banda pasó en los estudios de Levon Helm en Woodstock, entre febrero y marzo de 2009. Además de las susodichas sesiones de grabación, asistimos a pequeños momentos cotidianos y narraciones de anécdotas, como cuando un par de pibes le dijeron a Chris Robinson que parecía Charles Manson (aunque se acerque más a un Jesucristo confederado) a la salida de un estacionamiento y él, comiéndose el personaje, los salió a correr. También hay paseos por los alrededores nevados, el testimonio de un ensueño psicodélico de madrugada y una charla de Chris con el propio Levon Helm.

Cabin Fever encuentra a los Black Crowes más calmados, con menos ganas de bardearla y más ganas de pasar un buen rato, pero no por eso menos afilados. La banda, bypasseada por enésima vez, tiene el swing colectivo de viejos compañeros de ruta. Todo dice armonía en Cabin Fever, una armonía que existió de verdad pero que duró lo que duró el tour subsiguiente. Después vinieron un par de hiatos prolongados y algunas toses antes de que la máquina se detuviera definitivamente en 2015. Al fin y al cabo, los Cuervos son los hermanos Robinson, dos que siempre la tuvieron muy clara en eso de sacar ojos, tanto que se los terminaron sacando entre ellos.

Por suerte, la armonía de aquella época quedó condensada en la cabañita. Retrospectivamente, se puede pensar en Cabin Fever como su pequeño, privado y cálido Last Waltz. La interpretación de los temas es de una soltura fantástica, que habilita pasajes que son literales jams surgidos del vivo. “Sweet Nuthin” cuaja perfecto en este fluir: como coda de Loaded, un disco concebido para producir hits (“loaded of hits“, de hecho), temas que privilegian la simpleza y la brevedad, pudo darse el lujo de una prolongación, que arranca con el “Let me hear ya” de Lou Reed y crece y se deshace hacia el final conforme la voz deja de contar para convertirse en un instrumento más. La sensación que provoca es que el tema empieza realmente cuando entra la voz y que la música forma parte de un continuo que viene de mucho antes y termina mucho después. Estas virtudes son, en parte, las que hacen que cuaje con tanta naturalidad en el set de los Crowes, de obvia raíz blusera, donde el jam y el soleo son casi una obligación moral.
Por añadidura, Chris deja el micrófono y agarra la guitarra y Rich abandona los weird indian instruments (sic) por un rato para ponerle voz a un tema que pide algo menos cascado y un timbre un poco más delicado.

Las pocas palabras no son mi especialidad, pero a la banda se le da mejor. En la cara interna del folleto del DVD, sobre la foto de un paisaje nevado, se lee solamente: “The music sounds just like it feels.”

The Velvet Underground

The Black Crowes