“Pioneers”, M83 (remix)

Venías corriendo bárbaro, pero tropezaste y te caíste en un charco. Te perdiste la transición: estabas de pie, y al instante estabas planchado en el agua. Y el charco resultó no ser charco sino algo más espeso y profundo en lo que te hundís, posiblemente oscuro y salpicado de estrellas. El corazón va aflojando el ritmo de la carrera. El latido uptempo es reemplazado por un layering denso y progresivo que conecta en algún punto con los sintes del Vangelis de Blade Runner. Mientras te (f)hundís, los M83 capitalizan el optimismo amargo de “Pioneers” en una suerte de drama cósmico que parece sugerir que pese al it’s all under control, las cosas están claramente por terminarse.

Conocí Bloc Party a través de un remix (“Banquet”, de Boys Noize Vox Mix, uno de los más robustos que han hecho del tema) pero los discos de remixes no son la clase de lugar que merodeo cuando me siento a escuchar música. Quizás por eso la indiferencia que me produjeron algunas remezclas del Silent Alarm a la primera vuelta, o la extrañeza que produce el disco en general después de haber escuchado el original de un tirón. Ni hablar de ser fan y literalmente haberlo quemado a escuchas y recién después de mucho tiempo toparse con este. En la ola de principio de siglo hubo pocos disquitos de rock tan compactos como Silent Alarm, porque sí, es un disco de rock hasta la médula, pero tiene esa base rítmica tan ajustada que lo hace buen pasto de remixes en el sentido más habitual: beats fuertes para bailar y un puñado de líneas altamente coreables.

Hoy podemos ver cómo, pese a su fórmula de arranque, Bloc Party siempre apuntó para ese lado: conforme avanzamos en su discografía los elementos electrónicos se hacen más comunes, especialmente en Intimacy, hasta llegar a su último single, del que prefiero no hablar. De la mano con esto, las colecciones de remixes proliferan.

A falta de adiestramiento musical, suelo recurrir al lenguaje evocativo para explicar mi encuentro con algunos temas: de ahí que a veces me apoye en metáforas obvias. Ahora, la cosa tiene su explicación científica. Si lo que hace (hizo) a Bloc Party una banda altamente remixable es la compacta sección rítmica de Matt Tong y Gordon Moakes, sustraerle dicha base y quedarse con lo otro (la progresión del tema, las voces limpias de Kele Okereke) hace de este remix, al tomarlo en el conjunto del disco, una cosa totalmente diferente. De alguna manera, el oído pierde el pie, resbala y cae indefinidamente. La clave está en el sonido que parte del imaginario habitual de M83, uno que orbitaría más o menos en torno a El Fin de la Infancia de Arthur C. Clarke (y algo de Village of the Damned, por qué no): niños índigo conectados con procesos cósmicos. Eso es lo que los franceses vienen a aportar a la mezcla, porque Okereke no será un niño índigo, pero su voz resuena igual en el cosmos.

Juan Ignacio Solari

Bloc Party

 

M83

Otros textos de Juan Ignacio Solari en www.coverama.com.ar, acá