“Redemption Song”, Joe Strummer

 

Nantes fue una de las tantas ciudades europeas que funcionó como puerto desde donde partían las cuantiosas embarcaciones de esclavos (en su mayoría, de origen africano) para el trabajo forzado en América. De un tiempo a esta parte, coincidente con esa novedosa moda del progresismo como forma elegante de lavar las culpas sin pagar nada por ello, se ha construido allí un Memorial de la Esclavitud cuya estructura bajo tierra está adornada por una serie de placas grabadas con citas sobre la libertad y la esclavitud, par antinómico no por antiguo más actual. Como en los cantos que enfrentan a la policía, se podría decir “los barcos que vos mandaste, te van a volver”. Y están volviendo. Pero esa es otra sangrienta historia, única adjetivación plausible para referirse a la historia europea.

En fin, entre esas citas de autoridad estaba parte de “Redemption song” de Bob Marley, y así, esa canción de pleno siglo XX con Bobby muriéndose de dolor se transformaba en la oración de miles y miles de esclavos surcando los mares de la muerte. Algo de in-memorial recuperaba, a partir de ahora, la voz de Marley, porque en él estaban, pudimos tal vez llegar a intuir, la voz de todos aquellos náufragos de la vida liberta. El sufrimiento individual era la metonimia perfecta del sufrimiento colectivo.

Quizás por ello un acercamiento blanco a esa plegaria suene no ya un tanto demasiado fuera de lugar sino hasta una falta de respeto. Sin dudas, estaríamos frente a un reparo timorato cuyo origen es un prejuicio invertido, pero prejuicio al fin. Joe Strummer bien nos lo demuestra: en su voz aguardentosa se deja oír, claro, el dolor de las rutas marítimas, el hacinamiento y el trabajo de sol a sol en las plantaciones de monocultivo. Si bien la cadencia, el tono y el movimiento de Marley son irremplazables porque provienen de algo tan ajeno a su transmisión como lo es la experiencia, la versión de Strummer es el lúcido descanso después del tempo arrollador y ciego del punk, la tranquilidad después de la paliza, y es ahí, en esa torsión o recodo de la voz donde encuentra el asiento de extrema claridad para decir, una vez más, otra vez, esta plegaria por la libertad de la persona, su futuro, su redención. El futuro no está escrito, diría él, y Marley asentiría, moribundo pero aún lleno de esperanzas. Que así sea.

Joaquín Correa

 Bob Marley

 

 Joe Strummer