Tres en uno. Cuando menos es más

Por Mauricio Espil

Hasta bien entrados los ´60 no podemos hablar de sampler del mismo modo en que hasta casi entrado el siglo XXI no podemos hablar de usos prestigiosos, prestigiantes y de aceptación masiva como es el caso de Bocanada (Cerati, 1999) y Momo sampler (Redondos, 2000).  Así que antes de eso, al menos por acá en el río de la plata, las cosas eran entre el alto valor moderno de la originalidad y lo nuevo y el contraluz de la copia, la imitación, la influencia de los benévolos.

Casi como un clasicismo que siempre encuentra la forma -ni el modo ni la manera sino la forma- para racionalizar la discordia, calibrar las disonancias, diferenciar las escalas, preferentemente con la mano izquierda, escuchamos hoy a Ravel aunque no tenemos claro cómo fue la recepción de Ravel en estos lares -simplemente porque no lo hemos estudiado. Sí creemos que fue una especie de creador de musicalidad, parafraseando a Paul-Michel, y de eso queremos hablar.

Para 1908 trabajaba en una obra para los Ballets rusos que homenajeara a Strauss II y sus valses de la Viena imperial. La idea era compartida con el omnipresente Dághilev que, dicho sea de paso, la financiaba (al parecer es cada vez más evidente la formación de valor en relación a la lógica económica que es denegada una y otra vez). En esos días en que Sergei abandona el proyecto, de modo temporario, Maurice (el ecléctico, el bueno) se propone “hacer una caricatura del romanticismo en la que quizá di lo mejor de mí” (la cita está en google) y arremetió con la composición de “Gaspard de la nuit” que terminó por ser una de esas obras que frustran pianistas por sus dificultades técnicas de ejecución y oyentes por la complejidad conceptual. En suma, Gaspard es el nombre -en la tradición persa- del cuidador del tesoro real (infiero que de ahí vendrá el nombre de los unos de los tres reyes magos).  Como sea, el scorbo -de eso se trata este post- cifra tres composiciones muy conocidas: la Danza ritual del fuego de Manuel de Falla, el Concierto para piano n°3 de Prokofiev y «This is hardcore» de Pulp.

En ese entonces Ravel no quería tocar como Gershwin -estudió sus composiciones de manera frenética recién a partir de la década del ´20- y mantenía una parsimoniosa disonancia que venía desde “Pavane pour une infante dífunte” (1899), cierto eclecticismo en la belle époque y un buen trato de dandy que lo acercaba a sus contemporáneos. Por eso no es inverosímil que de Falla conociera el scarbo y se haya quedado con ese acorde forte -fortissimo es mejor- del principio para la “Danza ritual del fuego”, uno de los movimientos de “El amor brujo” que estrenó en el ´14.

El westerner de Prokofiev andaba por París de la mano de Dághilev como la joven promesa musical del bolchevilquismo. Años prometedores, en el ´13 comienza a trabajar un concierto para piano que se escucha en Gaspard (al minuto 1 del video que proponemos) es decir, a los 40 segundos de iniciado el scarbo. Recién lo estrena con el nombre de “Concierto para piano n°3” en el 21 con la Orquesta Sinfónica de Chicago -ahora lo usan como cortina incidental en una entrega de premios, creo que de los Golden Globes. En medio de la hambruna del ´32 y al inicio del proceso de industrialización vuelve a Rusia. Empezaban los días de las persecuciones del stalinismo. Tratando de mantener el equilibrio intenta sostener el diálogo con la cultura de occidente y, a la vez, mostrar qué tenía de decadente todo eso durante el zarismo. Así escribe el ballet Romeo y Julieta, Pedro y el lobo. Sin embargo esos estrenos se postergan y compone, renunciando a ser un westerner, la Cantata por el vigésimo aniversario de la revolución con textos de Marx y Lenin, orquesta sinfónica, banda de músicos, acordeones y hasta incluye un discurso de Stalin. No sólo la rechazan, la prohíben. Tiempo después trabaja con Eisenstein y Meyerhold. Luego de que la NKVD arrestara a Meyerhold y lo ejecutaran todo fue silencio. Hasta que le encargan una composición por el cumpleaños sesenta de Stalin. Resulta del agrado del comisariato pero en el ´48 lo enjuician por formalista. Lo condenan a reeducarse en el realismo soviético y a su mujer la condenan a un campo de concentración. En el ´52 recibe el premio Stalin por la Sinfonía n° 7. El 5 de marzo de 1953 muere. Ese día también muere Stalin. Recién en el 57, Lina, su mujer, es liberada. Pero este no es el tema.

El asunto es que las tres composiciones son anteriores a la catástrofe de la modernidad, la primera guerra mundial. Maurice participó como voluntario en la guerra como entusiasta chauffeur de ambulancias al principio, como desencantado soldado licenciado por peritonitis al final. El motor de la historia hacía ruido, explosiones en la combustión del capital. Y como el ángel de Klee/Benjamin “ve una catástrofe única que amontona incansablemente ruina sobre ruina” (Benjamin, Tesis de la filosofía de la historia 9). Sin embargo no abandonó el programa del impresionismo -rótulo que decía sólo servía para la pintura- lo reformuló con el “Concierto para la mano izquierda”, escrito para un pianista que había perdido el brazo derecho en la guerra, Paul Wittgenstein (el hermano de Ludwig para los de letras y filosofía) y, con los ruidos del maquinismo terminó “La valse”, aquel proyecto compartido con Dághilev.

Todo ese optimismo que en Ravel, de Falla, Prokofiev, incluso Diághilev se sustentaba en la originalidad y lo nuevo obtendrá su gesto irónico. Del mismo modo en que Ravel se rió del romanticismo con Gaspard llega el eco de esa risa sardónica -diría Arlt que por “El amor brujo” (´32) y la escena de masturbación al compás de la música de don Manuel merece pertenecer a esta colección- al minuto 3:42 Gaspard es sampleado justo en el momento de This is the eye of storm / It´s what men instained raincoats pay for y cierra en una de las pocas preguntas que tienen sentido hoy, What exactly do you for an encore? Ahí parece que andamos, atrapados en la mezcla y recombinando la encyclopaedia.

Ravel – «Gaspard de la Nuit» Scarbo, Yuja Wang (piano)

Manuel de Falla – «Danza Ritual Del Fuego», Luis Fernando Pérez (piano)

Prokofiev – «Piano Concerto No. 3», Marta Argerich (piano)

Pulp – This Is Hardcore

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