“Un homme est mort”, Françoise Hardy

En alguno de los mundos posibles, “tragedia” significa Françoise Hardy cantando “Un homme est mort”. La cadencia de su voz, el piano acentuando su expresión dolorosa y un tanto decadente del francés y ese violín lastimero hacen de la canción algo entre trágico y empalagoso. Demás está decir que desde la primera vez que la escuché fue una de mis favoritas: el asesinato de un hombre por el odio en una calle cualquiera cantado en francés nada menos que por FH era de un charme inmarcesible. Poco después supe que era un cover, ¡un cover! La versión de Mecano, como enseña el zen, es buena. Es buena en el sentido de que ha sido superada, y ampliamente, por su discípula. En efecto, los españoles han hecho una canción cargada con esa moralina que parece no querer abandonar la península aquella que se está cayendo siempre del Viejo Continente. Es “otro muerto”, no “un hombre que ha muerto”, que “algo ha hecho”. La voz que canta no se hace responsable de la muerte, del matar ni del morir. Está ajena. Como ajena no estaba esa voz impactada de FH. Podríamos leer en ese cambio de tono la sabiduría que regalan los años. También la estetización de la violencia. O, quizás, una distancia de la violencia, otorgada por el que la siente siempre ajena. En todo caso, si la versión de FH es superior a la de la fuente en la que abreva no es sólo por mérito propio, que es importantísimo aquí, sino por la incapacidad española de solucionar los problemas con sus muertos diarios.

Joaquín Correa

Mecano

 

Françoise Hardy