Vampiros

Pertenece a todos aquella historia del joven judío cantando las canciones de los otros en un Village atestado de tantos otros como él. Muchos otros. Y todos haciendo más o menos lo mismo: folk, country, blues. Todos, como él, algo entre Rimbaud y Woody Guthrie. Sin embargo, y en una iluminación profana, ese joven judío encontró en un aparente deber su identidad futura y definitiva: viajar hasta el hospital donde se estaba muriendo Woody Guthrie, “el poeta de la tierra reseca y del cieno espeso”, para pasar sus últimos días cerca de él y tomar o retomar su legado. “Song to Woody” es la primera canción no ya del joven judío del Village, sino de un nuevo cantautor que se quiso llamar Bob Dylan y que había entendido que “Guthrie divide el mundo entre los que trabajan y los que no y está interesado en la liberación de la humanidad y en crear un mundo donde valga la pena vivir”. Y Cat Power entendió ese gesto. Y por eso no hizo un cover, porque eso sería usurpar el altar privado sobre el cual se asienta el mito del Viejo Bob. Hizo una reescritura. Pero para ella, en cambio, no hubo viaje iniciático de encuentros. Todos fueron desencuentros, a pesar de la admiración enorme. Ni la tercera fue la vencida. Hasta que, por fin, perfectos, se encontraron en París, en un abril. Las dos canciones son inmensas, porque en ellas todavía puede escucharse la potencia que nace en la solidaridad de la canción.

Joaquín Correa

Bob Dylan

 

Cat Power